Su lugar estaba junto al de ella aunque rara vez se encontraban. Cuando él llegaba ella siempre ya se había marchado. Y así había sido siempre salvo por breves encuentros. Él siempre llegaba tarde. Llegó tarde a ella. Llegó tarde a su propia vida. Hoy él ha llegado y no la encuentra. Pero no ha ido a buscarla, así que poco importa. Simplemente fue a su lugar, que estaba al lado del de ella. Una triste coincidencia pues la recuerda cada vez que se refugia del frío en el calor de un café negro.
Esta noche, ha llovido. El cielo está completamente cubierto y no hay estrellas a la vista. Recuerda lo que le dijo en una noche estrellada durante una de sus cortas noches compartidas: “Te encontraría entre un millón de estrellas”. Y es cierto todavía. Solo depende de que ella quiera ser encontrada.
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