Escondido tras un sucio y
acartonado de huesos envoltorio
entre la riñonada estaba
el corazón borracho en un jolgorio;
era esta su manera,
y no el tradicional velorio,
de celebrar la muerte del amor de aquel tenorio
en cuyo pecho vivía y cuya dama
ingrata, condújole al suplicio
de haber perdido fama
y de seductor oficio
dejóle expuesto al frío y
del llanto hízole vicio
y ese pobre corazón que hoy ves contento
era el que más sufría
del desamor, la furia y el tormento
pues es al desgarrarse el pecho para amarse
que más recio y violento azota el viento.
Pero hoy que el corazón está de fiesta
y aquel amor tan grande está enterrado
el cálido licor le trae al cuerpo
las ganas insondables de andarse pa’otro lado.
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